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AVANCES Y RESULTADOS DE INVESTIGACIÓN
VII Encuentro de la Red de Grupos y Centros de Investigación Jurídica y Sociojurídica2007

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Prólogo
El balance de la investigación en derecho en Colombia. 2000 - 2007
María Cristina Gómez Isazacristina@derecho.udea.edu.co
Investigar en Derecho se ha constituido en algo más que una exigencia de requisitos mínimos, que deben ser cumplidos para lograr un registro calificado. Se ha constituido en una obligación social, ética y política, en un país que como el nuestro no cree en el Derecho y paradójicamente, exige que éste otorgue respuestas y posibilidades para salir del conflicto en el que estamos inmersos. A la pregunta ¿que justifica estudiar el derecho en un país en guerra?, la respuesta que se nos anticipa escéptica y desesperada, toma dimensiones comprometidas cuando aparecen los primeros resultados de las investigaciones en Derecho publicados y discutidos en una comunidad académica que comienza a conformarse en nuestro medio.

La investigación resultado de ésta comunidad jurídica, es fruto de una generación de abogados que ha tenido que sobreponerse a terminar sus estudios de Derecho, con un sino de descreimiento y angustia, pues le tocó asistir como espectador a la muerte de un ministro de justicia, a la toma del Palacio de Justicia y a la inmolación de magistrados y particulares, además de la erradicación de un partido político.

Lo anterior demuestra el compromiso y la vocación por buscar alternativas diferentes a las propuestas por un derecho que estuvo estático en códigos y procedimientos y que no pudo resolver todo aquello que fue unificado bajo el concepto de “una profunda crisis de nuestro sistema jurídico”. Esta comunidad que ha mantenido la preocupación por interpretar nuestra realidad jurídica desde contextos diferentes como los sociales, económicos, políticos, e internacionales entre otros, se atreve ahora a escribir. Para ello ha tenido que sobrepasar varias dificultades como: La colonialidad en la transmisión del saber (utilizando las palabras del profesor Cesar Rodríguez): hemos mantenido relaciones de dependencia con los teóricos del primer mundo, -relación en la cual los profesores de los países subdesarrollados reproducimos sus teorías a manera de intérpretes. El síndrome de “publicar para la eternidad”: Nadie podía escribir sus propias ideas sin transcribir los clásicos, y sólo ellos pasarían a la posteridad como clásicos. Este síndrome supone mejorar lo expuesto por Carnelutti, Carrara, Kelsen o Jellinek, reto imposible de cumplir, que hizo que las generaciones anteriores se mantuvieran leales a la autoridad de dichos clásicos y que fueran ágrafas. La paradoja de “Es necesaria la doctrina, pero no hay doctrina fiable y con autoridad porque nadie puede superar a los clásicos del derecho”: Se debió superar la enseñanza de las fuentes del Derecho bajo la separación elitista de fuentes principales y subsidiarias. Fue necesario reivindicar a la doctrina no como una fuente subsidiaria de poca trascendencia, sino como una fuente que buscaría promover el debate por la Justicia y la Democracia, y que en dicho debate se propiciarían las transformaciones en la Jurisprudencia y en la legislación. Es la paradoja que describe un país que no había reflexionado por la justicia (ahora lo intenta) y critica permanentemente la falta de preparación de la función judicial.

La cultura de lo estático y aséptico del Derecho: algunos han identificado esta cultura como la del legalismo, o la recepción de Kelsen “a nuestra manera”. No ha sido fácil superar la distinción aprendida de memoria (del capitulo quinto de las notas de introducción al derecho) en el que aparecía la diferencia entre las normas de la moral y las del Derecho, ni el ejemplo entrañable del negocio jurídico entre Pedro y Maria en el que sólo existía una única respuesta que se repetía año tras año. Nos ha costado ver al Derecho en su realidad mutable y movible (parafraseando lo dicho por el profesor López Medina), realidad que recibimos de vivir y ser protagonistas del momento constituyente de 1991. La radicalización del discurso amigo o enemigo del Derecho: La lógica binaria de la modernidad que se trasladó a nuestro saber nos dividió entre dos escuelas sin hacer distinciones: o se era positivista o iusnaturalista. Esta radicalización que no advirtió matices en un discurso que era de militantes formales en nuestro medio, nos obligó en su momento a declararnos en alguno de ambos “bandos” sin más razones que la defensa de la seguridad jurídica y de la justicia. Quienes no encontramos “nuestra identidad jurídica” huimos a la Constitución que nos permitió jugar entre el formalismo y el antiformalismo con la ilusión (igual… ilusión) de opciones mas conciliadoras, mas reales, o más ideales, todas ellas soportadas por un objeto que como la Constitución con su leguaje permite la inclusión de todos. Advierto que esta radicalización parece no terminar, pero ha tomado una entidad importante, en el proceso que se ha denominado la constitucionalización del Derecho en nuestro medio. Esta división de opiniones ha logrado una discusión entre académicos que actualmente muestran la pluralidad y la amplitud de lo que ha sido la lucha por el derecho desde su perspectiva teórica.

La evidencia de la identificación ley y orden: La guerra permanente que ha vivido nuestra sociedad desde los orígenes de nuestra constitución como Estado, han determinado que la ley no sea el resultado de la defensa por la libertad (como fue el ideal burgués). La ley para nosotros se constituyó y se ha constituido en la estrategia para crear un orden social y político; es por eso que confrontarla, criticarla y buscar su finalidad (oscura, clara o semiclara) era crear la inestabilidad y el desorden que nadie quería o quiere. Podría hacer el listado de más dificultades, entre las que aparecerían varias de tipo económico y profesional. A pesar de todo lo anterior, hemos ganado algo más que una actitud de sacrificio y austeridad, hemos ganado en capacidad de critica, en compromiso hacia una mejor docencia en Derecho, en llenar formatos que van y vuelven de Colciencias a los ministerios, y todo ello se podría traducir en visibilidad y espacios para compartir experiencias de investigación. Antes no había investigación en Derecho, ahora esta iniciado el camino y hay investigaciones que se publican, se discuten y comparten. Todos hemos asistido a la conformación de esta red con muchos intereses: crear alianzas, aprender a investigar, compartir resultados de investigación, escuchar las opiniones de nuestros colegas. Esta red ha propiciado solidaridades y generosidades insospechadas que se han mantenido a pesar de los intereses institucionales de Universidades y Facultades. Esta red nos ha permitido reconocernos, encontrarnos en el mismo quehacer y en ocasiones acompañarnos. Nos hace falta mucho, es el balance que siempre se hace como en todos los inicios de una gran empresa. Nos falta escribir con reposo, con tiempo para revisar lo que hacemos con nuestros pares y colegas; nos falta comunicarnos más con los que trabajan temas similares; nos falta aún rigor para cuestiones que parecen formales pero que ayudan en la lectura del que se quiere acercar a nuestros escritos; debemos ganar más en la cultura de la evaluación, una cultura que permita la crítica de ideas y que ésta no se confunda con críticas de carácter personal; debemos ganarle al miedo de “salir del anonimato al desprestigio” (como lo dice el profesor Ramírez Giraldo).

Entregamos en esta edición, las ponencias que fueron seleccionadas como publicables por nuestros profesores evaluadores. Ellas cumplieron no sólo con los requisitos puestos en la página de nuestra red, también cumplieron con uno de los objetos para los que se creó la red: hablar de la investigación. Enfrentamos el reto de crear una doctrina jurídica inexistente, esta generación enfrenta el reto de entregar textos y escritos que convivan con la doctrina foránea y para ello tenemos que acompañarnos y revisar mutuamente lo que hacemos, para no regresar al síndrome de que no hay nada nuevo que contar. A todos los que participaron en la entrega de ponencias les agradecemos que hayan respondido a la convocatoria; a quienes se les publica en este número felicitarlos, pues han podido sobreponerse a la carga excesiva que nos imponen a los académicos en un país que nos obliga a inventar la docencia, la administración y la investigación de manera permanente y en ocasiones coyuntural.

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